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¿Podemos alimentar a una población en continuo crecimiento sin comprometer el equilibrio ecológico del planeta?

02 Mar

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Recién terminada la parte del curso correspondiente a la economía y habiendo tratado con cierta profundidad la importancia de las actividades agropecuarias, conviene recordar que éstas tienen como objetivo principal la producción de alimentos, destinados, mayoritariamente, al consumo humano.  Hasta no hace muchas décadas, en España, la mayor parte de la población vivía en espacios rurales y trabajaba en la agricultura, por lo que podemos decir que éramos un país agrícola.  ¿Producíamos, en virtud de ello, una cantidad grande de alimentos?  No. Al menos no lo suficientemente grande.  Lo cierto es que nuestra producción apenas llegaba a cubrir las necesidades nacionales.  Muchos años, si las cosechas de cereales habían estado por debajo de lo normal, nos veíamos obligados a importar grandes cantidades de trigo y otras especies destinadas a alimentar a la población española.  Sin embargo, los productos de exportación, como el vino o el aceite de oliva, raramente sufrían estas escaseces y, cuando la cosecha no era buena, ello únicamente repercutía en el precio, sin que hubiera necesidad de importar.  Ello se debía a que la estructura de las explotaciones (grandes o pequeñas, tradicionales o tecnificadas, etc.) y el tipo de producción (para el consumo interno o para la exportación),  mostraban unas características muy distintas en uno y otro caso, tal como se vio en clase.

cereal recolectado y rastrojo empacado

 

¿Qué hubiera pasado en el caso de haber mantenido la misma estructura social y económica de la España de los años 50 del siglo pasado hasta la actualidad? Posiblemente, con el fin de obtener recursos económicos, el estado se habría visto obligado a aumentar el terreno dedicado a la agricultura de exportación, a costa de la producción para consumo interno, la cual, a medida que el número de habitantes aumentaba, se vería cada vez más insuficiente para alimentar a una población mayoritariamente rural condenada a la pobreza y la emigración permanente.  Es decir, la producción de alimentos secundarios o complementarios (vino, aceite de oliva, cítricos, etc. ) con los que otros más ricos completaban su dieta o disfrutaban, nos impediría producir suficientes alimentos básicos para nuestra subsistencia (cereales).

Pues bien, salvando las distancias y la virtualidad, algo parecido ocurre hoy en día con la producción y el consumo de alimentos en el mundo, con la agravante de que, en muchos casos, hablamos incluso de productos absolutamente accesorios como el café, el tabaco o decenas más.

En este artículo de “The Guardian” podemos valorar la dimensión del desequilibrio entre producción y consumo global de alimentos, sin contar con los hirientes contrastes entre países y clases sociales, que lo harían aún más radical en sus conclusiones.

Almost half of the world’s food thrown away, report finds

Food waste

Por otro lado, el hecho de vivir en un mundo globalizado en el que la población se halla sometida a enormes desigualdades en cuanto a la renta disponible y en el que el sistema dominante es el capitalista de libre mercado, nos debe alertar sobre las consecuencias trágicas que tiene lo que nos cuenta la noticia.  Si en el mercado mundial de los alimentos, una pequeña parte de la población compra de forma absurda mucho más de lo que puede comer, con la consiguiente distorsión de la ley de la oferta (bienes disponibles para el intercambio) y la demanda (necesidades), se produce una subida del precio de esos bienes, y consiguientemente, otra parte importante de la población quedará excluida de dicho mercado, al no poder pagar dichos precios.  La consecuencia directa será el hambre, a la que seguirá la desnutrición y, finalmente, las enfermedades y la muerte de miles de personas en todo el mundo, especialmente en los países pobres de África, Asia y América.  ¿Motivo de reflexión?  Sin ninguna duda.

En el siguiente artículo de la revista National Geography, se muestran los medios de que hoy disponemos para evitar el colapso alimenticio mundial y para acabar con el hambre en un futuro cercano en el que alcanzaremos los 9.000 millones de seres humanos en el planeta. Además de las fotografías, un texto muy interesante nos espera al final. Pincha en el título del artículo para acceder a él.

cinco pasos

Agricultura mecanizada

Después de haberte documentado con la información anterior,  enumera, en una columna, los problemas más serios a los que se enfrenta la tarea de alimentar a la población mundial; en una segunda columna, los problemas que pueden generarse al intentar cumplir con dicha tarea sin modificar los fundamentos económicos y técnicos de la estructura agraria actual; y en una tercera columna, posibles soluciones a dchos problemas. Trata de sacar conclusiones de todo ello.

 
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Publicado por en 02/03/2018 en Geografía

 

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