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Geografía de España (2): La interrelación entre sociedad y medios naturales en España. Recursos y población

El medio natural se define como la concreción física de la interrelación de los distintos elementos (tanto vivos como inertes) presentes en la Biosfera. Dicha interrelación es la base de un sistema en el que cualquier cambio en alguno de sus elementos genera cambios en los demás.

La forma o aspecto con el que dicho medio se muestra ante nuestra vista sería el paisaje natural. En él, la actividad humana no habría modificado sustancialmente sus rasgos primigenios y no se podría individualizar ningún elemento cuya génesis se deba exclusivamente a dicha acción antrópica. En la imagen inferior podemos contemplar un paisaje que se acercaría a esta concepción del paisaje natural.

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Parque Natural de Redes (Asturias)

Desde el Neolítico, cuando aparece la producción de alimentos con la agricultura y la ganadería (primeras actividades económicas), comienza la transformación del medio para obtener de él lo que necesitamos para asegurar nuestra subsistencia (recursos). Así pues, el ser humano que, inicialmente se comporta como un elemento más del mismo, se ha llegado a convertir en uno de los grandes agentes transformadores del medio.

La consideración de muchos de los elementos presentes en la naturaleza, como recursos para la subsistencia o el progreso de las sociedades humanas, está en la base de una serie de procesos que forman parte de la  llamada actividad económica. El  primero de ellos, la producción, es el que más incidencia tiene, debido a que necesita de materias primas y fuentes de energía para llevarlo a término. A ello se une el uso de una tecnología cada vez más sofisticada, cuyo evidente impacto medioambiental ha tenido como consecuencia principal la transformación de la mayor parte de los medios naturales del mundo. Tanto es así que, recientemente, ha quedado constatado el paso a una nueva era geológica dentro del período Cuaternario denominada Antropoceno, que viene a suceder al Holoceno y que supone la confirmación de la enorme dimensión de la huella que el ser humano ha dejado ya sobre el planeta.

Playa de Azkorri (Vizcaya)

Paisaje costero producto de la acumulación (en playa y acantilados) de desechos de la siderurgia. Playa de Azkorri – Vizcaya

A primera vista, en un paisaje natural destacan especialmente los elementos que tienen que ver con el relieve y con la vegetación. Esta última es la que aporta un mayor grado de diversidad a los paisajes y se distribuye de acuerdo con el clima reinante en cada zona. Por ello, éstos se clasifican en función del medio bioclimático en el que se desarrollan.

Así, en España, nos encontramos con cuatro grandes tipos de paisajes naturales:

  • El paisaje oceánico, en el norte y noroeste peninsular.
  • El paisaje mediterráneo, en el interior, sur y este peninsulares.
  • El paisaje de montaña, en las zonas por encima de los 1200 metros de altitud de la península.
  • El paisaje canario, el más variado de todos, en las Islas Canarias.

A continuación se muestra un esquema de las características de los diversos componentes de dichos paisajes:

esquema medios naturales españa.PNG

El asentamiento y el crecimiento de la población en los paisajes naturales de la Península Ibérica, ha estado determinado por la capacidad que éstos tenían de proporcionar a las gentes que la fueron poblando, los recursos necesarios para su subsistencia y expansión, recursos que variaban en función de los intereses y de la tecnología disponible por cada grupo de pobladores. Así, como vimos en el texto de Estrabón sobre nuestra península, ya en tiempos del Imperio Romano, éste la dividía en dos: una parte norte… “difícilmente habitable, áspera, fría y húmeda” y otra, al sur, “rica en minerales, tierras feraces y de clima muy benigno”, lo que se traducía a comienzos de nuestra era, en una parte norte e interior pobre y escasamente poblada, y los valles del sur y del este (que, según Estrabón, constituían el flanco meridional) de Iberia. Una visión muy diferente de lo que sucede hoy en día, en que la parte norte es, en términos generales, más rica y productiva que la sur. Y es que la relación entre población y recursos viene, como hemos dicho, condicionada por el nivel tecnológico y los diversos intereses que tenga aquélla, lo que hace que dicha relación pueda cambiar con el paso del tiempo.

1. Los recursos naturales y la transformación del territorio peninsular a lo largo de la Historia.

Durante milenios, el ser humano habitó el planeta sin apenas dejar huella en él.  Se adaptaba a una naturaleza que, en mayor o menor medida, le ofrecía lo necesario para su subsistencia.  Esa forma de vida, no obstante, conllevaba peligros de todo tipo y una inseguridad permanente. Al integrarse en la naturaleza, el homo sapiens lo hacía como predador, pero también como posible presa, por lo que, en cuanto dispuso del desarrollo cultural necesario y la tecnología precisa, éste dio el paso a la llamada economía productiva.  Se conoce a este período con el nombre de Neolítico y en él se desarrollaron las primeras actividades de producción económica (la agricultura y la ganadería) basadas en la explotación de unos recursos naturales mediante la utilización de técnicas específicas y, en definitiva, en la transformación del entorno natural en el que vivían aquellos grupos humanos.  El aumento de la seguridad y la regularidad en el aporte de nutrientes crearon las condiciones para que se produjeran dos importantes efectos de carácter geográfico:  el aumento de la población y la creación y difusión de asentamientos estables.

La aparición de los metales sirvió para impulsar dos actividades económicas recién surgidas: el comercio y la artesanía;  así como para poner en valor lo que, a partir de ahora, vamos a denominar recursos naturales*, en especial, el suelo y las  materias primas minerales.  La concentración de artesanos, comerciantes, agricultores, sacerdotes y gentes de otros oficios, en determinados lugares, dio origen a la aparición de las primeras ciudades que, con el tiempo, se convertirían en centros de control (gobierno), organización y explotación del territorio, así como en importantes focos de producción y consumo.  Todo este proceso dura, según los lugares, entre unos 3.000 y 5.000 años y tiene como principal consecuencia de carácter geográfico, la transformación radical de los paisajes naturales en los territorios afectados, que acabarían convirtiéndose en paisajes humanizados.

En la península Ibérica, el Neolítico se expande desde el Mediterráneo (a cuyas costas llega hacia el 6.000 a.C.) hasta alcanzar la práctica totalidad del territorio en el 2.500 a.C.  El predominio de la práctica ganadera, unido a las características del medio natural mediterráneo (con un frágil equilibrio ecológico establecido tras el final de la última glaciación), tuvieron un gran efecto transformador en el paisaje vegetal peninsular.  Las primeras ciudades surgieron ya en el primer milenio a.C., en relación a los asentamientos comerciales de fenicios y griegos en la costa mediterránea y suratlántica.  Sin embargo, será la irrupción de Roma en la península, tras las Guerras Púnicas, la que provocará, mediante una exhaustiva explotación de los recursos naturales, una intensa deforestación y degradación ecológica del territorio, que irán  acompañadas de la introducción de nuevas especies vegetales que se irán integrando paulatinamente en el nuevo paisaje vegetal hispano.

Durante la Edad Media, la Reconquista y los procesos de repoblación de las regiones del interior, también responden, en esencia, a una búsqueda de recursos (especialmente suelo agrícola o pastos para el ganado) que modificarán, más modestamente que en época romana, el medio natural peninsular.  Habrá que llegar a la Edad Moderna para asistir al siguiente capítulo de deforestación y modificación del paisaje vegetal, esta vez debido, en buena medida, a la tala de los viejos bosques de robles de la España húmeda para obtener la madera necesaria para la construcción de la ingente flota que dio a España el dominio de los mares durante casi dos siglos.

Finalmente, ya en el siglo XIX, será la revolución industrial, tardía pero efectiva, la que aseste un golpe definitivo a la vegetación primaria en España.  Vino de la mano de un aumento de la población que, en primera instancia, se tradujo en una ocupación masiva de nuevas tierras para el cultivo, que redujo la ya de por sí menguada cubierta vegetal;  después, la consolidación del proceso de urbanización, hizo aumentar la demanda de suelo y de recursos de todo tipo que, mayoritariamente, procedían del propio territorio.  Por último, la expansión del ferrocarril, con la gran demanda de minerales y madera que llevaba aparejada,  dieron la puntilla al paisaje vegetal español autóctono.

Así pues, antes de que comenzara el pasado siglo, España era un territorio desolado, sin árboles y con los recursos exhaustos después de dos milenios de explotación extensiva de los mismos. A la política de reforestación emprendida por el estado y la puesta en valor de nuevos recursos en relación con las nuevas actividades económicas, se unió el éxodo rural, que supuso el abandono de tierras de cultivo marginales (de nuevo, ocupadas por la vegetación natural) para devolver, durante el siglo XX, a España, parte de la cubierta arbórea perdida y una cierta activación de su economía (con el parón correspondiente a la Guerra y Posguerra Civil) que se mantuvo hasta finales del mismo, al tiempo que el país se urbanizaba a marchas forzadas y se producía un crecimiento y una redistribución espectacular de la población.

Una visión más detallada de lo que ha supuesto el siglo XX en la transformación del paisaje natural y humano español, se puede leer en el documento elaborado por el Instituto Geográfico Nacional.  Pincha sobre el mapa para acceder a él.

Hoy en día, España afronta nuevos retos en relación a su población, (en proceso de envejecimiento evidente), a su estructura económica (en plena crisis del modelo productivo) y a los recursos necesarios para garantizar el mantenimiento de la actividad económica y el nivel de vida, especialmente si hablamos de recursos hídricos y energéticos.

2. Los recursos y su importancia actual en España

Así pues, hemos visto la importancia de los recursos como base de las actividades económicas, como factor de asentamiento y expansión de la población y, por último, como principal agente de transformación del paisaje.  Su estudio sirve de enlace entre la geografía física y la geografía humana (principalmente demográfica y económica), por lo que es importante comprender de qué forma se produce la interacción entre el ser humano y el medio natural y qué resultados y efectos secundarios tiene.

Habremos de entender por recurso natural, cualquier sustancia o materia que sirve para satisfacer alguna necesidad humana.  Desde una perspectiva económica, podemos distinguir entre recursos abundantes, cuya utilización no requiere prácticamente ningún tipo de intervención de la tecnología  (dependiendo de los lugares, podrían ser el aire, el sol, el agua, etc.);  y los recursos escasos, que son aquellos para cuya extracción y/o aprovechamiento se requiere el concurso de técnicas más o menos complejas y, por lo tanto, tienen una consideración económica por ser la base de algunas de las principales actividades económicas.  Hablando de recursos naturales, solo estos últimos serán objeto de nuestro estudio.

En España, además de los suelos, sustento de las actividades agropecuarias y forestales, y de las materias primas (materias que mediante una transformación específica dan lugar a productos elaborados), base de las actividades productivas,  hay dos tipos de recursos naturales que, desde un punto de vista económico y estratégico, resultan absolutamente cruciales: los llamados recursos hídricos (el agua) y los recursos energéticos (las fuentes de energía).  En ambos casos, España no dispone ni de la cantidad suficiente (especialmente en cuanto a fuentes de energía) ni de un reparto homogéneo de los mismos (en el caso del agua), por lo que se necesita poner en marcha un sistema para su planificación y gestión, por un lado, y de distribución y abastecimiento, por otro.

De esta forma, agrupamos a los recursos naturales en cuatro grandes conjuntos, entendiendo siempre que se trata de recursos escasos, para cuya utilización es siempre necesario un proceso de extracción y explotación, así como el empleo de las técnicas adecuadas: el suelo o tierra fértil, el agua o recursos hídricos, fuentes de energía y materias primas.

2.1. El suelo

La capa superficial de la corteza terrestre, compuesta por elementos sólidos (minerales y orgánicos), líquidos (agua principalmente) y gaseosos (CO2), en proporciones equilibradas, constituye el suelo. El suelo es el sustento de actividades como la agricultura, la ganadería y la explotación forestal y, por lo tanto, se comporta como un recurso, especialmente si es de alta calidad o fertilidad. Es, además, hoy por hoy, esencial para proporcionar a la población los alimentos necesarios para su subsistencia y garantizar el mantenimiento futuro de dicha alimentación, al menos mientras no surja y se generalice una forma alternativa de aporte nutricional a la población.

Conservacion-suelo

No toda la superficie es suelo (edafológico), como puede observarse en la imagen superior. Las grandes áreas de roca o de arena, en montañas, playas o áreas de “bad lands”, no han constituido un suelo sobre el que pueda crecer la vegetación.  Además, dentro de los distintos tipos de suelo, existen diversos grados de fertilidad. Es en las grandes llanuras a baja altitud, propias de cuencas y valles de grandes ríos, o de áreas litorales, donde se encuentran suelos suficientemente profundos y ricos en nutrientes, que permiten su aprovechamiento agrícola. En España, salvo en la Depresión del Guadalquivir y, en menor medida, en la del Ebro, no existen suelos de alta calidad, especialmente si tenemos en cuenta la existencia de la Meseta Central y y su orla montañosa, áreas cuyo clima, relieve y litología, no favorecen la formación de suelos fértiles.
Para luchar contra estos condicionantes negativos, se han ideado soluciones que van desde el abonado con estiércol del ganado o el aporte de cal a los suelos demasiado ácidos, a la construcción de terrazas donde el suelo llano es escaso y abundan fuertes pendientes, incompatibles con los suelos evolucionados. Cuando la pendiente del terreno supera unos ciertos límites, el suelo se empobrece, ya que buena parte de sus componentes se trasladan ladera abajo hacia los fondos de valle. Si la presión demográfica es alta, la demanda de alimentos y, por tanto, de suelo agrícola, puede obligar a las comunidades agrícolas a construir terrazas o bancales, convirtiendo el plano inclinado de una ladera en un conjunto de superficies horizontales escalonadas, separadas por muros de contención, tal como se puede ver en la imagen.

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Es un sistema que fue ampliamente utilizado en España durante siglos, aunque hoy se encuentra en claro desuso debido a la elevada inversión en mano de obra que requiere, la dificultad para introducir maquinaria moderna y la mayor competencia existente en un mercado global en el que adquirir los productos así obtenidos, resulta mucho más barato.

El suelo fértil, destinado a usos agrícolas, ha tenido que hacer frente a la expansión del fenómeno urbano, que, mediante el proceso de recalificación del terreno, ha perdido valor por sus propias características físicas (como suelo fértil) y lo ha ganado debido a factores externos, como la consideración de terreno urbanizable en las cercanías de las grandes ciudades que, durante la época de la burbuja inmobiliaria, supusieron una importante revalorización del mismo.

Para completar la información puedes leer el siguiente artículo de prensa en el que se habla de la importancia de los suelos y de la necesidad de protegerlos como recurso vital.

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2.2. Los recursos Hídricos (el agua)

Además de los usos que tiene por el hecho de ser un medio en el que se desarrolla la vida (acuática) y, por lo tanto, donde se lleva a cabo la actividad pesquera, o por servir como base física de la navegación y el transporte, el agua es uno de los recursos esenciales para las actividades económicas y la propia subsistencia del ser humano, y como tal recurso, puede ser abundante o escaso según las regiones. Así pues, los usos del agua, pueden dividirse en dos grandes conjuntos:

  • Usos consuntivos, es decir, aquellos que suponen un consumo de agua. Entre ellos destaca el regadío agrícola, que suele suponer, al menos, las tres cuartas partes del consumo. Otros serían los usos industriales (refrigeración y limpieza de mecanismos, producción de vapor, etc.), los domésticos y urbanos y, finalmente, cada vez en menor porcentaje, los usos ornamentales y de ocio. Este tipo de usos suponen una reducción del volumen de agua existente en un territorio.
    En el gráfico inferior podemos ver cómo se distribuyen los usos consuntivos de agua más significativos en España. En el conjunto del planeta, las cifras no cambian mucho, representando el regadío agrícola, aproximadamente, las tres cuartas partes del consumo total, mientras el resto de usos varían en torno a cifras similares a las de España.

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  • Usos no consuntivos, es decir, aquellos que no suponen un consumo o una reducción de la cantidad de agua existente, como la práctica de deportes acuáticos y otras actividades de ocio, o la generación de electricidad en centrales hidroeléctricas.

Vemos, pues como el regadío agrícola es el principal consumidor de agua en España (80%), seguido a gran distancia del consumo doméstico, industrial, urbano, etc.  En total, entre 35.000 y 40.000 Hm3/año.  Si tenemos en cuenta que la cantidad final de agua disponible (procedente en su mayor parte de las precipitaciones) asciende a un volumen de entre 40.000 y 45.000 Hm3/año, podemos afirmar que la relación entre la demanda  y la disponibilidad de agua se halla equilibrada.  A dicha relación se le denomina Balance Hídrico Anual, es decir,  la relación entre el agua disponible para los diversos usos y el consumo efectivo que se hace de la misma en un territorio determinado.

Los aportes de agua se producen principalmente por las precipitaciones y las pérdidas suelen ser debidas a filtraciones subterráneas, a la evaporación y a la evapotranspiración de bosques y cultivos, o bien por la escorrentía de la misma hacia los grandes colectores fluviales que desembocan en el mar.
Sin embargo, los fuertes contrastes de precipitación entre unas cuencas hidrográficas y otras, dan lugar a la existencia de importantes déficits en unas regiones, mientras otras son excedentarias, por lo que será necesario construir grandes y costosas obras hidráulicas para regular los recursos hídricos (embalses, canales, trasvases) y para optimizar la calidad del agua (plantas potabilizadoras y plantas depuradoras).

  • Obras para regular y aumentar los recursos hídricos: embalses, canalizaciones y trasvases. También pueden añadirse en este apartado las plantas desalinizadoras de agua del mar.

Embalse Málaga

  • Con el fin de preservar o mejorar la calidad del agua se construyen, además, plantas potabilizadoras, para abastecer a las ciudades de agua potable; y plantas depuradoras de aguas residuales, destinadas a tratar y eliminar las sustancias tóxicas del agua que vuelve a los ríos tras su uso doméstico o industrial.

Llevarlas a cabo supone contar con una política hidráulica que debe regular y gestionar los recursos mediante una serie de actuaciones en el marco legal (Ley de Aguas) y en la planificación (Planes hidrológicos de Cuenca* y Plan Hidrológico Nacional*.)

 

2.3. Las Fuentes de Energía

Se denominan así aquellas sustancias o materias de las que se obtiene energía. Ésta, a su vez, puede presentarse bajo diversas formas (mecánica, electromagnética, calorífica, lumínica, etc.)  Podemos distinguir entre energía primaria y energía final. Ésta última es la que consumimos directamente (por ejemplo, la electricidad que llega a nuestros hogares o la gasolina que mueve nuestro vehículo); se obtiene a partir del procesamiento y la transformación de recursos naturales que contienen la llamada energía primaria y que se conocen con el nombre de fuentes de energía. Hoy en día, éstas son vitales para asegurar el masivo consumo energético sobre el que se sustenta la producción y distribución de bienes y servicios.

Como país con un alto índice de desarrollo humano, España requiere de grandes cantidades de energía para mantener su actividad económica y su crecimiento.  Sin embargo, su modelo productivo, al igual que el de otros países, se basa en el consumo de grandes cantidades de combustibles fósiles como el carbón y, sobre todo el petróleo y el gas natural, fuentes de energía de las que España no produce más que una pequeña cantidad.  Es por ello, que el mercado energético español se caracteriza por un fuerte desequilibrio y la gran dependencia del exterior.

Caballete de extracción petrolífera en Ayoluengo (Burgos)

Dentro de las principales fuentes de energía primaria (obtenidas en la naturaleza de forma directa), podemos establecer dos grandes grupos, según se comporten como fuentes almacén o como fuentes flujo, es decir, si se trata de fuentes renovables o no renovables.

2.3.1. Fuentes de energía No Renovables

Son aquellas que están presentes en la naturaleza en una cantidad limitada, dado que, o no se regeneran, o tienen un ciclo demasiado largo. Por ello, es preciso disminuir su consumo o consumirlas de forma eficiente. las podemos dividir en dos grandes grupos:

  • Combustibles fósiles, que se han formado por la descomposición y fosilización de materia orgánica durante millones de años. Son tres:
    • El carbón: es el primero que comenzó a ser usado de forma masiva durante la 1ª Revolución Industrial (desde finales del siglo XVIII), en la producción de hierro, alimentando los grandes hornos de fundición de la industria siderúrgica. Hoy en día se utiliza fundamentalmente para generar electricidad en centrales térmicas.
      Ha sido (y sigue siendo) el responsable de la mayor parte de las emisiones de CO2 a la atmósfera, principal gas de efecto invernadero.
    • El Petróleo: comenzó a usarse en grandes cantidades a partir de la 2ª Revolución Industrial (desde finales del siglo XIX) y hoy es la fuente de energía más consumida en todo el mundo, distribuyéndose en el él mediante oleoductos y barcos petroleros.  Se usa en la generación de electricidad y, sobre todo, en el transporte.
      Produce también elevadas emisiones de gases contaminantes y sustancias tóxicas que suponen una importante contribución a la polución de ciudades y áreas industriales.
    • El gas natural: es un subproducto de la formación del petróleo, en forma de gas, que durante mucho tiempo se desechó como fuente de energía. Actualmente ha incrementado su presencia en el mercado energético gracias al desarrollo de nuevas tecnologías que permiten su extracción segura y eficaz, y su transporte (gasoductos y barcos metaneros)
  • La Energía Nuclear se basa en la utilización de minerales radiactivos, como el uranio y el plutonio, para generar, por fisión de su núcleo, las altas temperaturas que producen el vapor con el que, como en una central térmica convencional, se mueve una turbina-alternador que genera corriente eléctrica.
    Se halla envuelta en una constante polémica debido a dos causas principalmente: las nefastas consecuencias que puede tener un accidente en una de estas centrales, y la acumulación de residuos radiactivos de muy difícil eliminación, que deben ser enterrados en “cementerios” nucleares.

Central Nuclear de Cofrentes (Valencia)

En conjunto, podemos decir que las fuentes de energía no renovables presentan dos graves problemas de cara a la continuidad de su explotación y consumo. A saber, que más tarde o más temprano se agotarán y, en segundo lugar, que su uso masivo genera grandes cantidades de emisiones contaminantes o de gases con efecto invernadero. Por ello, con el tiempo, su consumo habrá de limitarse a su uso como materias primas más que como fuentes de energía.

2.3.2. Fuentes de energía Renovables

Son aquellas que existen en la naturaleza en forma de flujo más o menos constante: el agua de los ríos, el viento, la radiación solar, las mareas, etc. Es por ello que no se agotan ni, en su aprovechamiento, causan emisiones dañinas para el medio ambiente. La desventaja que tienen es que la energía es más difícil de captar y no se produce donde se necesita, por lo que se requieren costosas instalaciones tanto de captación como de transporte de la misma.
Las más conocidas, hoy por hoy, son las siguientes:

  • Energía Hidráulica: es la más utilizada, sobre todo en la generación de electricidad que se lleva a cabo en las llamadas Centrales Hidroeléctricas.
    Es una energía limpia porque no produce residuos, pero la construcción de presas y embalses para crear saltos de agua y aprovechar la energía que se libera en ellos, supone graves impactos en el medio ambiente, especialmente en la fauna piscícola y en la vegetación del entorno, así como en el medio humano, ya que quedan anegadas gran cantidad de terrenos fértiles en el valle del río embalsado.
  • Energía Eólica: Es la segunda en orden de importancia en relación a su uso y difusión, sobre todo en España. Aunque el viento tiene una larga tradición, en las últimas cuatro décadas se han ideado mecanismos muy eficientes de generación de energía eléctrica a partir del movimiento de las aspas de aerogeneradores dispuestos en grandes conjuntos denominados parques eólicos.
    Se trata de una fuente de energía limpia, pero su presencia masiva en zonas muy ventosas suele coincidir con las rutas de migración de aves, por lo que suponen un daño importante en el medio ambiente que se suma al impacto visual que deteriora el paisaje en el que se encuentran.
  • Energía Solar: Aprovecha la radiación solar para producir electricidad. Existen dos tipos:
    • Energía solar fotovoltaica, en la que la radiación solar se convierte de forma directa en electricidad en paneles compuestos por células fotovoltaicas.
    • Energía termosolar, en la que la generación de electricidad se produce gracias a la existencia de espejos que reflejan la luz del sol concentrándola en un depósito en el que se calienta el agua hasta producir vapor. A partir de ahí, el mecanismo es similar al de una central eléctrica convencional.
  • Energía de la Biomasa: es la que se obtiene de la fermentación y combustión de los residuos vegetales y otros subproductos de origen orgánico, especialmente los que se obtienen de la explotación de los bosques y de las actividades agropecuarias.
  • Energía Geotérmica: procede de las reacciones químicas naturales que se producen en el interior de la Tierra y que generan gran cantidad de calor que calienta el agua de las capas profundas de la corteza.
termosolar-CSP-Gemasolar

Central Termosolar

Todas ellas se basan en la utilización de recursos inagotables o renovables, son limpias y, si se desarrolla finalmente una tecnología adecuada, resultarían muy baratas.
Por tanto, estas últimas deben ser la base de la reactivación económica de España en el futuro, en que, cumpliendo con las exigencias del protocolo de Kyoto (dadas las características antes mencionadas), y gracias a su abundancia en nuestro territorio (especialmente de la solar y la eólica), se conviertan en garantía de sostenibilidad de la producción energética a largo plazo.

2.4. Las Materias Primas

Son todos aquellos recursos que obtenemos directamente de la naturaleza y que, una vez sometidos a determinados procesos de transformación, permiten la elaboración de bienes listos para ser consumidos o utilizados en otro tipo de actividades. Son, por lo tanto, la base de la actividad industrial y, dada la importancia que tiene ésta en los países desarrollados, el control y suministro de muchas materias primas, es vital para los estados y las empresas, por lo que se pueden generar tensiones y conflictos de difícil gestión en los países productores.

Podemos clasificar las materias primas en dos grandes grupos: las materias primas de origen orgánico y las materias primas minerales.

2.4.1. Materias primas orgánicas

Son aquellas que proceden de diferentes especies animales y vegetales, tales como el hueso, el cuero, la lana, el algodón, la resina o la madera. Son las que primero se utilizaron como tales materias primas, ya en la Prehistoria, cuando tanto hombres como mujeres las cazaban o las recogían directamente en la naturaleza. Hoy, la mayoría procede de actividades como la agricultura, la silvicultura o la ganadería.

2.4.2. Materias primas minerales

Éstas, a su vez, las podemos dividir en tres subgrupos: las rocas de cantera (mármol, granito, pizarra, etc.), los minerales metálicos (hierro, plomo, bauxita, coltán, etc.) y los minerales no metálicos (Silicio, caolín, sal gema, etc.)  Hoy en día son muy usados en la construcción (las rocas de cantera y algunos minerales no metálicos) y en la industria (especialmente los minerales metálicos) Algunos como el coltán, son considerados estratégicos, dada la importancia que tienen en las nuevas tecnologías de la comunicación, por lo que la lucha por su control puede generar graves conflictos.

dependencia_minerales

3. Rasgos y problemas de algunos recursos naturales españoles.

3.1. La importancia de la producción hidroeléctrica en España.

Como complemento a lo que se estudiaba en los apartados anteriores, es interesante leer y comentar lo que escribió hace ya algún tiempo en El País el experto en recursos hídricos de la Universidad de Alcalá, Eloy García Calvo.  Para ello, sigue el enlace siguiente :

Aunque no son las centrales hidroeléctricas la única forma de obtener energía del agua, en España representan una contribución importantísima a la generación energética.  Éstas se hallan asociadas a los saltos de agua de los grandes embalses de España, cuya red se muestra a continuación en un mapa:

                Fuente: IGN            .

Y una imagen en la que podemos contemplar el salto de Aldeadávila, en la comarca de los Arribes del Duero, fronteriza con Portugal, en la provincia de Salamanca.  También para comentar:

Comentar desde una perspectiva geográfica un texto, un mapa, un gráfico o una imagen, requiere un esquema similar en todos los casos.  Se trata, al fin y al cabo, de documentos que contienen información geográfica que hay que extraer (análisis) y relacionar con otro tipo de información o conocimientos que ya poseíamos para sacar conclusiones y ampliar nuestros conocimientos del tema (interpretación y explicación).

3.2. La reciente implantación y desarrollo de la energía eólica en España.

La energía eólica en España se ha convertido, a lo largo de los últimos quince años, en la fuente de generación eléctrica más importante y, al mismo tiempo, en un sector tecnológico del que España puede presumir de ser uno de los líderes mundiales.  Sin embargo, la crisis está suponiendo un freno a esta expansión, debido a que el apoyo económico de los poderes públicos a la investigación y a la construcción de nuevos parques eólicos, que había resultado decisivo en dicho crecimiento, se ha visto truncado o reducido a la mínima expresión.  No obstante, a pesar de las dificultades, aún se mantiene el impulso recibido en su momento y, en buena medida, las empresas dedicadas a la generación eólica, siguen siendo un referente a nivel mundial.

En el siguiente gráfico se observa la evolución de la energía eólica en España desde la pasada década. Es relativamente sencillo su interpretación y comentario: inténtalo.

evolucion-eolica-en-espana

Los últimos datos son de enero de 2016, referidos al año anterior (2015) y, por comunidades autónomas, la situación es la siguiente:

generación eólica por comunidades                      mapa-mudo-de-provincias

Ahora, elabora un mapa de distribución de la generación eólica en España por comunidades autónomas a partir de los datos anteriores, que tendrás que ordenar en categorías.  Puedes utilizar el mapa siguiente, que puedes descargar e imprimir.

A nivel mundial, España fue, durante muchos años, la segunda potencia en generación eólica, solo por detrás de Alemania. Hoy en día, debido al parón en el desarrollo de nuevos parques eólicos tras la irrupción de la crisis y el fin de las subvenciones públicas, nuestro país ha quedado relegado a una discreta novena posición. En el recuerdo queda la espectacular progresión que durante poco más de una década vivió la energía eólica en España.  Entre las razones que explicaron tal crecimiento, hay que señalar la inversión en investigación de nuevas tecnologías y la aplicación de determinadas políticas energéticas que, mediante estímulos y ayudas directas a la generación eléctrica no convencional, buscaban diversificar la oferta energética y disminuir la dependencia exterior.  Pero, además, hay que hacer referencia también a las condiciones naturales de un país como España:  La posición de la Península Ibérica frente a los vientos dominantes del Oeste y el relieve de la misma, son factores que explican el gran potencial eólico de nuestro país. Veamos los mapas siguientes, pinchando en ellos para ampliarlos:

mapa1                                                                         mapa2

Es interesante completar la información anterior con esta noticia para entender la situación actual de la energía eólica en España, en cuanto a sus condicionantes naturales.

Pincha en el enlace siguiente para acceder al video de la noticia:

video1

Finalmente, elabora dos dos perfiles de la Península Ibérica de Oeste a Este y basándote en él y en los mapas anteriores, redacta un informe que explique de forma integral la situación y las perspectivas de futuro de la energía eólica en España.

3.3. La energía solar y la última polémica en la energía española: el “fracking” para la obtención de gas.

Si hay una energía abundante en España, esa es la energía solar. Dos son las formas de obtener energía a partir de la radiación solar: la utilización de espejos para reflejar los rayos solares y concentrarlos con el fin de calentar agua y obtener vapor en grandes instalaciones (energía solar térmica); y, por otro lado, la llamada energía solar fotovoltaica, a partir de paneles de silicio que captan la energía solar y la convierten directamente en electricidad, más flexible y que no requiere grandes instalaciones o centrales de producción.  En el video que puedes ver a continuación, se explica este último método:

Respecto al polémico método del “fracking” para la obtención de gas natural, puedes leer el siguiente artículo:

http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/03/16/actualidad/1363471123_789066.html

 

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