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3º ESO – Historia: La Edad Moderna. España y Europa entre los siglos XV y XVIII

Desde la Caída del Imperio Romano de Occidente, en el año 476, hasta la caída de Constantinopla, la capital del Imperio Romano de Oriente, en manos de los Turcos en el 1453, transcurren casi 1000 años. Este largo período es lo que se conoce en la Historia como Edad Media. Para otros historiadores, la Edad Media terminaría en el año 1492, cuando tiene lugar el descubrimiento de América por Cristóbal Colón. En cualquier caso, en la segunda mitad del siglo XV y, sobre todo, entre ambas fechas, una serie de acontecimientos y procesos políticos y culturales, introducirán a Europa y, por ende, al mundo, en lo que se ha venido en llamar Edad Moderna. Esta última, de menor duración que la era anterior, terminará con la llegada, en el último cuarto del siglo XVIII, de una serie de revoluciones de carácter político, social y económico que inaugurarán lo que hemos denominado la Edad Contemporánea.

1. Las grandes transformaciones políticas y culturales del siglo XV: los fundamentos del mundo moderno.

¿Qué acontecimientos y procesos sucedidos en el siglo XV fueron, pues, tan relevantes en sus consecuencias como para marcar el rumbo de la historia posterior de la Humanidad? Es difícil ordenarlos porque la mayoría de ellos están entrelazados y unos influyen sobre otros pero, a grandes rasgos, serían los siguientes:

  • Los grandes descubrimientos geográficos.  Protagonizados por los portugueses en un principio, pronto se irían uniendo otras naciones europeas a la aventura exploradora y a la apertura de nuevas rutas oceánicas, especialmente los castellanos.
    a) Los viajes de los portugueses se dirigieron fundamentalmente al reconocimiento de la costa del continente africano, en busca de un paso hacia el este, al océano Índico, para llegar a la India y las islas de las Especias. Culminó con la llegada de Vasco de Gama a la India en 1497.
    b) Los castellanos se dirigieron, en cambio, hacia el oeste buscando también las islas de las Especias. El descubrimiento de un nuevo continente por Colón, en 1492, fue el inicio de la conquista del imperio español en América.
    Las causas de estos descubrimientos hay que buscarlas en varios factores: económicos (búsqueda de rutas directas de comercio con Asia, sin intermediarios, y la propia expansión económica de Europa tras la profunda crisis del final de la Edad Media), políticos (algunos monarcas europeos buscaban aumentar sus ingresos para afianzar su poder), religiosos (nuevas tierras y gentes para evangelizar), culturales y científicos (las ideas que defendían la esfericidad terrestre ganaban terreno día a día), técnicos (sobre todo en el terreno de la navegación marítima), etc.

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  • La toma de Constantinopla por los turcos, supuso el fin del Imperio Romano de Oriente (o Imperio Bizantino) y el bloqueo del comercio que, a través de la última etapa de la Ruta de la Seda, enlazaba con el Este de Asia. Ello supuso un duro golpe para el comercio europeo, especialmente para los italianos (venecianos y genoveses) que eran quienes lo controlaban. Pero, al mismo tiempo, dicho acontecimiento impulsó la búsqueda de nuevas rutas comerciales para llegar a la India.
    Por otro lado, muchos sabios y artistas bizantinos, tras la caída de la capital, marcharon a Italia, donde aportaron sus ideas y conocimientos, además de libros y obras antiguas, que llegaban a Italia en un momento en el que el interés por la antigüedad estaba creciendo en el nuevo ambiente cultural del Renacimiento.

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  • La Imprenta fue un invento que revolucionó el mundo de la cultura, ya que la impresión de libros era sencilla y barata, al menos en comparación con la transcripción de los mismos, por lo que la difusión de las nuevas ideas se vio muy favorecida. Además, el control eclesial de la cultura empezó a debilitarse, dadas las dificultades que encontró la Inquisición para vigilar los talleres de impresión que surgían por doquier ante la creciente demanda de obras escritas.

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  • Los cambios culturales, científicos y artísticos. Se iniciaron con la difusión de nuevas ideas acerca de la relación entre el hombre, la naturaleza y Dios, que llevaron a abandonar el Teocentrismo medieval y sustituirlo por un Antropocentrismo en el que el hombre se convierte en centro de atención de la obra de filósofos, científicos, teólogos, etc. La corriente intelectual que impulsó este cambio de mentalidad recibió el nombre de Humanismo, y el arte que surgió ligado a ella, el Renacimiento.  Este estilo quiso ser heredero de la antigüedad clásica grecorromana y nació de la mano de una serie de grandes innovadores que, durante el llamado Quattrocento (siglo XV), en la ciudad de Florencia, ejercieron su labor en medio de un ambiente muy favorable a las nuevas ideas y a la nueva forma de entender el mundo: Brunelleschi, Donatello, Masaccio. Ya en el siglo XVI (Cinquecento) llegarían los grandes genios del arte, como son Leonardo da Vinci, Rafael y Miguel Ángel.

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  • Los monarcas europeos iniciaron a lo largo de este siglo un proceso por recuperar el poder político y la autoridad sobre sus reinos, en manos de la nobleza durante los últimos siglos de la Edad Media. Apoyándose en el dinero de los burgueses y las ciudades, en la creación de un ejército profesional y en una administración de fieles funcionarios a su servicio, la monarquía autoritaria desplazó como forma de gobierno a las viejas formas de poder repartido de la monarquía feudal. Los grandes pioneros en este tipo de monarquía fueron los Reyes Católicos en España.

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Todos estos acontecimientos pusieron las bases del mundo moderno, con un cambio de mentalidad que comenzó a dejar atrás muchas de las ideas y formas de vida que habían permanecido inalteradas durante la Edad Media, especialmente el predominio de lo rural sobre lo urbano y la presencia de la religión en todos los aspectos de la vida. En el cuadro siguiente se muestra una sinopsis comparativa de los rasgos que caracterizan la Edad Moderna frente a la Edad Media:

Cuadro Edad Media Moderna

La sociedad, no obstante, permanecerá aún varios siglos dividida en estamentos (Clero, Nobleza y pueblo llano) y la economía seguirá basándose en la agricultura como principal actividad generadora de riqueza y de empleo, al tiempo que se desarrollan nuevas formas económicas basadas en el auge del comercio internacional que son ya claramente capitalistas.

Así pues, aun con los cambios notables que se produjeron durante los tres siglos que dura la Edad Moderna y que, desde un punto de vista formal, tan nítidamente la diferencian de la Edad Media, ambas épocas comparten un mismo tipo de sociedad (estamental) y una misma base económica (la agricultura), al tiempo que la religión sigue proporcionando la visión del mundo dominante y mantiene su influencia en las ideas y en los ritmos de vida cotidianos. Este sistema es lo que los revolucionarios franceses, al terminar el siglo XVIII (y, con él, la Edad Moderna), denominaron el “Antiguo Régimen“, que debía ser abolido por la Revolución y sustituido por nuevas formas de organizar la sociedad, la política, la economía y, en definitiva, la vida de las personas, que caracterizan el mundo contemporáneo.

Vamos a comenzar, por lo tanto, con el estudio de aquellos aspectos de fondo en los que la continuidad con la Edad Media es evidente, es decir, la economía, la demografía y la sociedad, para abordar, a continuación, el de la cultura y la política europeas, donde los cambios son más profundos y determinantes en el discurrir histórico de la Edad Moderna hacia la Edad Contemporánea.

Pero antes, y con el fin de repasar los hechos más importantes del siglo XV y sintetizar las ideas y conceptos clave para entender la estructura histórica a comienzos de la Edad Moderna, podéis descargar el siguiente documento para, una vez completado el cuadro, tener una ficha síntesis de lo estudiado hasta ahora.

Esquema cronológico y estructura histórica 2mitad sXV

 

2. Evolución económica, demográfica y social de España y Europa durante los siglos XVI y XVIII.

En primer lugar, conviene preguntarnos acerca de cuáles son, en términos generales, los elementos clave de la economía, la demografía y la sociedad. así como las transformaciones que experimentaron en esta época, con el fin de entender cómo se gestó el mundo actual, cuyos rasgos históricos se estudiarán durante el próximo curso. Si fuera una gran obra de teatro lo que vamos a presenciar, se trataría de hacer una descripción del escenario y de los figurantes que van a servir de fondo a la historia. Los protagonistas entrarán en escena más adelante.

2.1. La Economía

Al igual que durante la Edad Media, la actividad económica dominante fue la agricultura. A pesar de su carácter tradicional y su baja productividad, ésta daba empleo a la mayoría de la población y generaba gran parte de la riqueza que circulaba en Europa. Los cuantiosos beneficios obtenidos por los mercaderes durante la Edad Moderna, tenían su origen, en última instancia, en la actividad agraria que, practicada por los campesinos, permitía sobrevivir a éstos al tiempo que, a través de las rentas señoriales, enriquecía a la nobleza y el clero, principales clientes de aquéllos.

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Pieter Brueghel, el viejo. La cosecha

Se empleaban sistemas de cultivo tradicionales que, generalmente, incluían el barbecho como método más difundido y eficaz para recuperar la fertilidad de los suelos. Esto obligaba a dejar de cultivar grandes extensiones de tierra cada año. El barbecho rotaba con los cultivos de diversas formas: solía ser de “año y vez” (bienal) en los países mediterráneos, mientras que la rotación trienal se difundió principalmente por las regiones de Europa central y occidental, más húmedas y con más suelo disponible. Lo mismo ocurría con el uso del arado romano, propio de los países del sur de Europa, y el  arado de vertedera, con el que se podía profundizar más en la tierra y que era común en los países del norte. Al no disponer de suficientes animales de tiro, muchas veces era la fuerza humana lo que movía ambos tipos de arado, especialmente el arado romano.

En cualquier caso, las técnicas eran rudimentarias y los rendimientos escasos, por lo que obtener una producción de subsistencia no siempre era posible. Ello se agravaba debido a la estructura de la propiedad, generalmente en manos de grandes señores terratenientes pertenecientes al Clero o a la Nobleza. Los campesinos trabajaban la tierra a cambio del pago de una serie de rentas señoriales que procedían del excedente agrícola que, más allá de la cantidad necesaria para la subsistencia, obtenían aquéllos.

El crecimiento de la población y la persistencia durante casi todo el siglo XVI de unas condiciones climáticas favorables a la agricultura en Europa Occidental, permitieron un incremento de la riqueza generada de esta forma, al tiempo que el descubrimiento de América y la llegada de metales preciosos al viejo continente, permitieron disponer de un gran volumen de capitales que impulsaron el comercio y, en menor medida, la industria artesanal europea hasta cotas nunca vistas.

Durante la primera mitad del siglo XVI, la economía europea estuvo dominada por un alza sostenida de los precios; en la segunda, por una inflación sin precedentes. Una serie de intelectuales españoles de la época (Martín Azpilicueta, Tomás de Mercado, Luis Ortíz, Sancho Moncada, etc.) llamados arbitristas (por encargarse de ayudar a los gobernantes a tomar medidas para la mejora de la economía de los reinos, generalmente mediante impuestos o arbitrios), comenzaron a preguntarse las razones de tal situación económica y a dar respuestas muy acertadas, de tal forma que podemos considerarlos como los padres de la ciencia económica.

Como indicaba Martín Azpilicueta, el dinero, en forma de monedas, es una mercancía más en un mercado, por lo que si hay mucha cantidad de él, los precios de aquello que se intercambia por dinero, suben;  si aquél, por el contrario, escasea, los precios bajan. A continuación decía que en España había mucho dinero desde que se habían descubierto las Indias (América), de donde procedía el oro y la plata con los que se acuñaban monedas, y por lo tanto, los precios subían sin cesar. Hoy diríamos que se produjo una gran inflación de precios, dado que la demanda de productos en el mercado aumentaba al tiempo que la oferta se mantenía igual o decrecía.

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Ahora trata de deducir, a partir de lo que has leído, el significado de:

  1. Dinero.

  2. Mercado.

  3. Precios.

  4. Demanda.

  5. Oferta.

  6. Inflación.

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La subida de los precios repercutió primero en España, debido al aumento de las importaciones de oro y plata de México y Perú.  Los efectos de esta masiva llegada de lingotes fueron contrarrestados más tarde por su exportación a otros países de Europa para liquidar una balanza comercial cada vez más deficitaria y satisfacer las necesidades de sus ejércitos en los Países Bajos y en otras regiones de Europa.  Hasta que ese trasiego de lingotes surtió efecto, los precios generales en el resto de Europa subieron más despacio que en la península Ibérica. No obstante, la tasa de inflación, diferente según los países, impulsó la expansión del comercio internacional que siguió al descubrimiento del Nuevo Mundo, al incrementarse la posibilidad de grandes y jugosos beneficios en los negocios que los extranjeros hacían con la corona hispánica.

Luis Ortiz, además, decía que, en Castilla, la industria (o manufactura) estaba decayendo por el escaso apoyo que recibía de los gobernantes y por el desprecio hacia el trabajo manual de la sociedad en general. Quien tenía dinero, prefería invertirlo en el comercio con América, que solía deparar cuantiosos beneficios. Así, las materias primas, al no existir suficiente demanda en España, se exportaban a Europa a muy bajos precios. De allí volvían a precios muy elevados, una vez transformadas en productos manufacturados: telas, orfebrería, objetos de lujo, etc.  De esta forma, como señalaban ya en su día Lope de Vega o Quevedo, salían de España grandes cantidades de riqueza hacia Europa (donde se iban formando grandes fortunas), mientras España se empobrecía por la inflación y el desigual reparto de la riqueza procedente de América.

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De los dos párrafos anteriores, debes deducir el significado de:

  1. Importación.

  2. Exportación.

  3. Materias primas.

  4. Productos manufacturados.

  5. Comercio internacional.

  6. Industria manufacturera.

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No obstante, a lo largo del siglo XVI, el comercio de cereales entre los países bálticos y los del sur de Europa, que pronto sería controlado por los Países Bajos, se beneficiará de la tendencia de los precios de los alimentos a exceder los de los artículos manufacturados.  La causa era un más que notable crecimiento de la población europea (de 55 millones en 1450 a cerca de 100 en 1600), que provocó el aumento de la demanda de alimentos, especialmente cuando el suministro disminuía por las malas cosechas. La expansión comercial dio lugar a una extensión del sistema crediticio y de la banca pública, sobre todo en Italia, donde los banqueros genoveses se ocupaban de la transferencia de fondos de los envíos españoles a los Países Bajos.
El comercio internacional de largo alcance

Muchas de estas tendencias se invirtieron en el siglo XVII.  La inflación quedó controlada en la segunda década por el descenso de las importaciones de lingotes americanos.  El comercio internacional, reforzado por las necesidades militares durante la Guerra de los 30 años, experimentó más tarde una recesión y se estancó.  La competencia entre las potencias para repartirse el mercado mundial condujo a la adopción de medidas basadas en la acumulación de grandes reservas de oro y plata y en la protección de la producción nacional frente a las importaciones (Mercantilismo), por parte de la mayoría de los gobiernos excepto el de los Países Bajos.  Finalmente, el cambio del centro de la actividad comercial del Mediterráneo a la costa atlántica continuó y se consolidó a finales del siglo XVII.

La industria continuó organizándose en gremios y dedicándose principalmente a la provisión de objetos de lujo a las clases acomodadas, pero el aumento de la demanda debido al crecimiento de la población y al espectacular aumento del comercio mundial, hizo aparecer, a partir de la segunda mitad del siglo XVII, nuevas formas de producción al margen del sistema gremial:

Sistema doméstico

  • El sistema domiciliario, o Domestic System, se fue desarrollando en el medio rural (generalmente en el entorno de las ciudades) bajo diversas modalidades. En términos generales, consistía en la entrega, por parte de un comerciante o intermediario, de la materia prima (lana, lino, algodón…) a una familia campesina para que las mujeres la transformaran en productos elaborados que eran devueltos al comerciante a cambio de una cantidad de dinero.
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  • Las manufacturas eran grandes talleres en los que decenas e, incluso, centenares de trabajadores, utilizando métodos artesanales, fabricaban bienes (normalmente de lujo, tales como tapices, porcelanas, cristal, etc.) destinados a la nobleza o el clero. En general, eran impulsadas por el propio monarca y su mercado era muy reducido y de alto poder adquisitivo. En la imagen puede verse la fachada de la Real Fábrica de cristales de la Granja (Segovia)

Durante el siglo XVIII, las transformaciones económicas serán de mayor calado, en buena medida, como fruto de algunas de las que hemos explicado. La agricultura introducirá innovaciones en los sistemas de cultivo, como la rotación cuatrienal o el sistema Norfolk, que erradicarán el barbecho e incrementarán notablemente la producción, al tiempo que se introdujeron nuevos cultivos procedentes de América y otras regiones del mundo. La industria, por su parte, comenzó a incorporar sistemas mecánicos cada vez más eficientes que culminarán con la invención y la puesta en marcha de la máquina de vapor, verdadero motor de la industrialización que vendrá después y que, a su vez, alimentará la minería del carbón y del hierro. El comercio, finalmente, continuará su expansión, impulsado además por las políticas mercantilistas de algunos países, en clara competencia con el auge del libre comercio, impulsado sobre todo por Inglaterra y Holanda. Todas estas transformaciones irán de la mano de los grandes cambios que, en la mentalidad, la cultura, la sociedad y la política, aportó la Ilustración, cambios que anuncian lo que será el mundo contemporáneo.

Pincha en el siguiente enlace para acceder a un esquema con lo esencial de lo dicho hasta ahora

Esquema economía siglos XVI y XVII

2.2. La población en la Europa Moderna

Hemos visto cómo la base económica de la población europea y mundial durante la Edad Moderna, como en la Edad Media, era la tierra, es decir, la actividad agrícola. El empleo de sistemas de cultivo tradicionales, que requerían gran cantidad de mano de obra, obligaba a las familias campesinas a tener muchos hijos que, desde edades muy tempranas se convertían en brazos disponibles para las tareas agrícolas. Entre la nobleza, por su parte, tener muchos hijos, era considerado una señal de fuerza varonil y proporcionaba prestigio. Así pues, en términos generales, la natalidad era muy elevada y durante toda la Edad Moderna, el índice de fecundidad se mantuvo siempre en valores altos, generalmente por encima de 7 hijos por mujer. 

Por otro lado, la falta de medidas higiénicas y de una medicina eficaz, daban lugar a una mortalidad muy elevada, especialmente en edades muy tempranas (mortalidad infantil). Además, los frecuentes períodos de hambrunas, epidemias y guerras, tenían como consecuencia episodios críticos de mortalidad catastrófica. El resultado era una baja esperanza de vida que, en ningún caso, superaba los 30 años de media.

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El crecimiento natural (diferencia entre la natalidad y la mortalidad) era, en consecuencia, muy bajo, es decir, la población crecía muy lentamente. Salvo excepciones, se vivía siempre en el límite de la subsistencia y, sin ningún tipo de cuidados médicos ni higiénicos, cualquier problema de los arriba mencionados, provocaba un aumento inmediato de los fallecimientos que se sumaba a una mortalidad ya de por sí elevada, para dar lugar a períodos de crecimiento natural negativo.

A este modelo de crecimiento lo denominamos Régimen Demográfico Antiguo, es decir, un patrón de crecimiento lento e irregular caracterizado por elevadas tasas de natalidad y mortalidad, y en consecuencia, un escaso crecimiento natural acompañado de una reducida esperanza de vida. Desde los inicios de la Edad Moderna, a finales del siglo XV, éste fue el tipo de crecimiento demográfico predominante en Europa y en España. Sin embargo, aunque esto fuera así en términos generales, hay que distinguir claramente entre el crecimiento lento pero constante del siglo XVI, que en Europa centro-occidental hizo que se pasara de unos 65 millones de habitantes hacia 1500, a casi 90 en el año 1600; y lo que ocurriría en el siglo XVII, cuando las frecuentes guerras, hambrunas y epidemias de peste que asolaban periódicamente el continente, hicieron que la población se incrementase en apenas 10 millones, hasta situarse en unos 100 millones hacia 1700.

En el siglo XVIII, la progresiva incorporación de medidas higiénicas básicas a los hábitos de vida, una relativa paz en el continente y una mejor y más abundante alimentación, hizo que las crisis de subsistencia se fueran volviendo cada vez más raras y que, por consiguiente, la mortalidad comenzase a descender con claridad, mientras se mantenía alta la natalidad.  Nos encontramos en la 1ª Fase de la Transición Demográfica. Al acabar este siglo, la población europea, casi se había duplicado, hasta rozar los 200 millones de personas todo el continente.

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De la lectura y observación de las imágenes y textos anteriores, deduce o recuerda el significado de:

  1. Movimientos Naturales de la población: natalidad y mortalidad

  2. Mortalidad infantil

  3. Crecimiento Natural

  4. Régimen Demográfico Antiguo

  5. Crisis de Subsistencia / mortalidad catastrófica

  6. Esperanza de vida

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En el siguiente texto se muestra con detalle los efectos de una epidemia en una ciudad italiana durante el siglo XVII:

“A principios de marzo, al aumentar la penuria, vinieron a esta ciudad unos tres mil pobres, la mayor parte de los cuales, negros, tostados por el sol, extenuados, débiles y en malas condiciones, daban muestras evidentes de su necesidad (…). Y estos pobrecillos que iban vagando por la ciudad, destruidos por el hambre (…), morían de cuando en cuando por las calles, por las plazas y bajo el palacio (…). Debiéndose, por los presentes sucesos, deducir una advertencia para saber cómo comportarse en el futuro, se recuerda que sería necesario socorrer a los pobres de los pueblos mandándoles grandes y suficientes limosnas, prohibiéndoles después rigurosamente la entrada en la ciudad, poniendo guardias en las puertas y haciéndoles salir cuando hubieran entrado. Porque actuando de este modo evitaremos el espanto que implica una multitud rabiosa de gente medio muerta que asedia a todo el mundo por las calles, por las plazas, por las iglesias y a las puertas de las casas, de modo que no se puede vivir con un hedor que apesta, con continuos espectáculos de moribundos muertos y, sobre todo, con tantos rabiosos que no se los puede quitar uno de encima sin darles limosna.”

Medidas que un médico aconseja tras la hambruna de 1629 en Bérgamo (Italia).

Otros episodios de alta mortalidad eran ocasionados por las malas cosechas que podían hacer subir el precio del trigo hasta convertirlo en inalcanzable para muchas familias, tal como muestran los siguientes documentos relativos a la dinámica demográfica de la localidad francesa de Breteuil entre 1692 y 1695 y la evolución de los precios del trigo en esos mismos años:

Dinámica demográficaprecios trigo breteuil

A partir de los datos de la tabla superior, elabora un gráfico con tres curvas que muestre la evolución de las tres variables (nacimientos, matrimonios y defunciones) y, a continuación, compáralo con el gráfico inferior a fin de establecer conclusiones sobre las crisis de subsistencia en el antiguo régimen.

2.3. La Sociedad

Durante el Antiguo Régimen se mantuvo el mismo tipo de sociedad rural que venía existiendo desde la Edad Media, como ya hemos dicho. En el campo europeo, aún con grandes diferencias entre unas regiones y otras, vivía casi el 90% de la población. Las ciudades, durante esta época, incrementaron más su dinamismo económico que población. No obstante, hubo ciudades como Nápoles, París o Londres que crecieron hasta alcanzar sus límites físicos, superando los 350.000 habitantes; y en regiones como los Países Bajos o el norte de Italia, las ciudades crecieron en número y en tamaño  hasta alcanzarse porcentajes de población urbana superiores al 25%.

Las diferencias entre la sociedad rural y las sociedades urbanas se fueron incrementando a lo largo de toda la Edad Moderna. Mientras la sociedad rural quedó estancada en formas y ritmos de vida tradicionales, marcados siempre por la religión dominante, con escasa capacidad de innovación y de transformación, la sociedad urbana tenía un dinamismo mayor, que se tradujo en una progresiva diversificación de funciones y de grupos sociales.

Pero, por encima de estas diferencias, se encontraba la sociedad estamental, de origen divino, al igual que la monarquía. Los estamentos eran los tres de la Edad Media, clero, nobleza y campesinado, pero al haber ido perdiendo sus funciones la nobleza y haber ido pasando el clero bajo el control del monarca, se agrupan en dos: los privilegiados (clero y nobleza) y los no privilegiados.

  • El alto clero y la nobleza eran los poseedores de la mayor parte de la tierra, no pagaban ningún tipo de impuestos y, por contra, eran perceptores netos de gran cantidad de rentas. Poco a poco, fueron abandonando sus grandes residencias campestres para ir instalándose en grandes palacios o casas señoriales levantadas en las zonas nobles de las ciudades. La nobleza, al abandonar su función militar en favor de los nuevos ejércitos profesionales, se convirtió en rentista y se dedicó al lujo y a la ostentación, y a servir de modelo social para las nuevas clases ascendentes.
  • El tercer estado o pueblo llano fue diversificándose en varios grupos a lo largo de toda la Edad Moderna. Mientras en el campo pervivía el régimen señorial, por el cual los campesinos estaban bajo autoridad y jurisdicción de los grandes señores nobles o eclesiásticos, y su subsistencia dependía del pago de unas rentas que ya explicamos arriba, en las ciudades se iba desarrollando una serie de grupos diversos (banqueros, funcionarios, comerciantes, etc.) que, en conjunto, eran conocidos como burguesía, y que acumulaban poder y riqueza hasta el punto de aspirar a la consecución de un título de nobleza que los encumbrase (y de paso, les permitiera dejar de pagar impuestos)

En la sociedad de la España de los siglos XVI y XVII el esquema anterior es válido en términos generales. No obstante, existían algunas particularidades que conviene comentar.
Dentro de los grupos privilegiados, los altos cargos del clero quedaron muy pronto bajo el control real, pero a cambio recibieron prebendas y beneficios que lo convirtieron en una de los grupos sociales con mayor poder, riqueza e influencia.
La nobleza, por su parte, va a experimentar durante toda la Edad Moderna, una progresiva polarización entre dos grupos bien definidos:

  • Los Grandes de España, es decir, la alta nobleza, formada por miembros de los antiguos linajes que participaron en la conquista de Al-Andalus, y que son propietarios de enormes extensiones de tierra en la mitad sur de España. Participan en la alta política como consejeros del rey o como altos mandos del ejército.
  • Los hidalgos son los miembros de una pequeña nobleza en proceso de empobrecimiento. Al mantenerse la prohibición de cualquier trabajo manual para ganarse la vida, muchos de ellos consiguieron cargos en la administración real, otros embarcaron hacia la conquista de América en busca de fortuna, y también hubo quienes se dedicaron al bandolerismo como forma de ganarse la vida, sobre todo en la corona de Aragón.

Los grupos sociales no privilegiados estaban compuestos principalmente por pecheros, es decir, los que pagaban impuestos, que eran principalmente los campesinos, tanto propietarios, mayoritarios en el norte, como siervos o jornaleros en el sur.

Limpieza de sangre

A este grupo también pertenecían los artesanos, aprendices y empleados, comerciantes, prestamistas y pequeños funcionarios que habitaban en las ciudades, entre los cuales existía una enorme diversidad de riqueza y condiciones de vida. Madrid, Barcelona, Valencia y, sobre todo, Sevilla, fueron las ciudades más grandes y dinámicas de la España de aquel tiempo. El gran centro financiero y comercial español fue, din duda, Sevilla, donde se encontraba la Casa de Contratación, que centralizaba todo el comercio con América.

Una de las peculiaridades que debemos destacar en la sociedad española de la época fue la importancia del etnicismo religioso. Un rasgo de distinción social fue la limpieza de sangre, es decir, el “mérito” de ser “cristiano viejo” (no poseer antepasados judíos o moriscos) que permitía prevalecer, para los cargos públicos y otras prerrogativas, sobre los cristianos nuevos (conversos o descendientes de conversos).

 

3. Cultura, ciencia y religión en los siglos XVI y XVII en Europa

Esta sociedad necesitaba, en aquellas circunstancias históricas, siempre al límite de la subsistencia, del necesario alimento espiritual que diera respuesta a todas las inquietudes y preguntas profundas que se hace el ser humano desde que nuestros cerebros evolucionaron hacia una complejidad que nos permite el pensamiento abstracto y nos invita al conocimiento del mundo.

Pues bien, como ya hemos visto, durante el siglo XV se produjeron dos innovaciones, una técnica y otra intelectual que son claves en la evolución cultural de la Edad Moderna: la invención de la imprenta y el desarrollo del humanismo. El impulso a la cultura y la ciencia que supusieron, no lograron, sin embargo, desbancar al cristianismo como principal fuente de respuestas a las inquietudes humanas y fundamento de los ritmos cotidianos de vida. Pero madurando durante más de un siglo, las nuevas ideas en expansión dieron fruto en el siglo XVI, cuando se produjo la Reforma Protestante, y en el siglo XVII, cuando tuvo lugar la Revolución Científica.

3.1. El desarrollo cultural y científico de la Edad Moderna

El Humanismo italiano durante el siglo XV, había introducido un nuevo enfoque en el intento de conocer el mundo desde una perspectiva humana (antropocentrismo) y no divina (teocentrismo), lo que había despertado el interés por nuevas formas de conocimiento basadas en la razón, y no en la fe, como venía ocurriendo desde la Edad Media. La invención de la imprenta, permitió una rápida difusión e intercambio de estas ideas, que dieron sus frutos más espectaculares a partir del siglo XVI, tanto en el arte del Renacimiento y el Barroco, como en la ciencia, que asistió a una auténtica revolución encarnada en la figura de Copérnico, entre otros muchos.

Es ésta una época de grandes literatos y músicos en la mayoría de los países de Europa Occidental. En España, por ejemplo se desarrolló el llamado Siglo de Oro de la literatura y el arte, cuando surgieron figuras como Quevedo, Lope de Vega, Calderón de la Barca, o el gran Miguel de Cervantes, autor de una de las más grandes novelas de la literatura europea y universal: El Quijote.

 

3.1. La Reforma protestante y la Contrarreforma católica

Durante el primer cuarto del siglo XVI, la influencia de las nuevas ideas del humanismo europeo y el deterioro moral alcanzado por la Iglesia Católica romana, impulsaron movimientos de reforma de la iglesia que, apoyándose en la imprenta, se difundieron rápidamente en la Europa central y nórdica. Surgieron así reformadores como Lutero o Calvino, muy críticos con la actitud de los Papas de Roma y con una iglesia que valoraba más las formas exteriores que la propia fe, por lo que había dejado de ser una guía para muchos cristianos preocupados por su salvación.

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Fue Martín Lutero (en la imagen de la izquierda) quien inició este movimiento en Alemania, cuando publicó 95 tesis en las que denunciaba la riqueza de la iglesia de Roma y prácticas como las “indulgencias” (pago de ciertas cantidades a cambio del perdón de los pecados). Buscó el apoyo de los príncipes que gobernaban los estados alemanes, y muchos de ellos vieron en la desvinculación de Roma, la oportunidad de apropiarse de los bienes de la iglesia y reforzar su poder.

La Reforma protestante fue, en definitiva, un movimiento de crítica y renovación dentro de la Iglesia cristiana que supuso la división de la misma entre Católicos, bajo la autoridad del Papa, y protestantes, para los que prima la libre interpretación de la Biblia y la directa inspiración divina. Otros reformadores, como Calvino, John Knox o el propio rey de Inglaterra, Enrique VIII, fueron creando, a partir de ciertas ideas comunes, distintas iglesias protestantes que dieron al protestantismo una falta de unidad que contrastaba con la estrategia de unidad férrea que la iglesia católica quería mostrar para enfrentarse a su difusión.

La Contrarreforma católica fue un movimiento de renovación de la iglesia de Roma, que trató de reaccionar frente a la expansión de la iglesia reformada y frenar su avance en la medida de lo posible. Para ello, se adoptaron una serie medidas para que se mantuvieran, en lo esencial, el espíritu del catolicismo y la máxima autoridad papal. Algunos de estos cambios fueron:

  • Creación de la Compañía de Jesús, una orden religiosa con estructura y organización militar, bajo la directa obediencia y dirección del Papa, debía ser el brazo espiritual con el que luchar en primera línea contra la reforma y la herejía. Fue fundada por el español Ignacio de Loyola.
  • Se reorganizó la Inquisición para hacerla más eficaz y garantista (sus juicios debían contar con las debidas garantías de defensa de los acusados)
  • Se estableció un índice de libros prohibidos, lo que suponía un estricto control y censura de las publicaciones con el fin de evitar la difusión de ideas heréticas o desviadas de la doctrina en todos los ámbitos de la cultura.
  • Por último, se convocó el Concilio de Trento (1545-1563) para confirmar o reformar algunos de los dogmas del catolicismo, entre ellos, la importancia de la fe y las buenas obras para obtener la salvación, la confirmación de los siete sacramentos y del culto a la Virgen y a los santos. Se acordó la redacción de una única versión de la Biblia: la Vulgata, escrita en latín.

Con el paso del tiempo, la estrecha relación que vinculaba a las distintas iglesias con algunos de los poderes políticos de la época, daría pie a numerosos conflictos en los que los motivos estratégicos y militares se mezclaban con odios irracionales de carácter religioso, para convertir al siglo XVII en un período guerras interminables que asolaron Europa.

4. La lucha por la hegemonía en Europa: del Imperio Español de los Austrias a la Francia de Luis XIV

Una vez establecidas en Europa occidental una serie de monarquías autoritarias que daban a los reyes un poder inmenso, nunca antes poseído desde el imperio romano, se inició una rivalidad política que dio lugar a numerosos conflictos en Europa. La aspiración al dominio hegemónico (es decir, absoluto) que abarcase tanto el poder político como el espiritual, primero en el Mediterráneo y después en toda Europa, fue el motor que impulsó los grandes movimientos políticos y militares protagonizados por las monarquías de la época. Unas aspiraban a dicha hegemonía (Francia, la monarquía Hispánica y el Imperio Turco); el resto (Inglaterra, Holanda, Portugal, etc.), más débiles militarmente, trataban de alcanzar el equilibrio entre potencias que garantizase su independencia.

En el mapa siguiente podemos ver la situación de inicio, a finales del siglo XV, donde ya se configuran los tres grandes contendientes que hemos indicado (España, Francia, Imperio Turco) y las potencias menores (Inglaterra, Portugal y las débiles monarquías nórdicas y orientales), así como los territorios en los que se centrará la disputa por su dominio: Alemania y la mitad norte de Italia, divididos en una multiplicidad de microestados con apenas autonomía.

Europa en 1500

Dos grandes familias reinantes representarán la lucha por esta hegemonía: los Habsburgo austriacos, que reinarán en España y sus dominios europeos y cuya figura más relevante es Carlos V, y los Borbones franceses que alcanzarán finalmente la posición hegemónica en Europa bajo Luis XIV, desde finales del siglo XVII, a medida que se hace patente la decadencia hispánica.

La lógica de la época parecía indicar que Francia, el reino más rico y poblado de Europa, hubiera sido el gran poder hegemónico del continente durante toda la Edad Moderna. ¿Por qué, sin embargo, España se convirtió, bajo la monarquía austriaca, en la potencia indiscutible durante siglo y medio? En ello tuvo mucho que ver la política matrimonial de los Reyes Católicos y, sobre todo, el descubrimiento y la conquista castellana de América, fuente inagotable de riqueza que permitió mantener un ejército colosal, bien organizado y equipado, capaz de mantener el dominio de los Habsburgo en todo el continente, y hacer frente a la expansión del Turco en dirección a Europa Central.

4.1. El reinado de los Reyes Católicos

La subida al trono castellano de Isabel I en 1479, esposa del rey de Aragón, Fernando II, daba inicio al reinado conjunto de los Reyes Católicos. Se trataba de una unión dinástica, no política, de las coronas de Castilla y de Aragón. Cada uno de los reinos y territorios que las componían, mantenían sus instituciones de gobierno, sus aduanas y sus propios súbditos (extranjeros en el resto de los territorios). Aunque Castilla era el reino más poderoso y poblado, la Corona de Aragón contaba con un gran poder económico y se extendía por el Mediterráneo hasta el sur de Italia.

No obstante, al mismo tiempo que se mantenía esta necesaria autonomía política y legal en cada reino, bajo la influencia del principal consejero de la reina Isabel, el Cardenal Cisneros, se dio inicio a un proyecto unificador que se plasmaba en tres ámbitos: la creación de instituciones comunes, la unidad religiosa y la unificación territorial de España. Las acciones al respecto fueron las siguientes:

  • Creación de la Santa Hermandad, una especie de cuerpo policial armado encargado de mantener el orden en las zonas rurales (que constituían entonces más del 90% del territorio y la población) y perseguir a criminales y sospechosos.
  • Auspiciaron la creación de la Inquisición, para perseguir desviaciones religiosas y mantener la pureza del cristianismo, aunque fuera utilizando métodos drásticos.
  • La expulsión de los judíos en 1492 y la conversión forzosa de los mudéjares (musulmanes) de Castilla, fueron otro paso más en la unificación religiosa del reino.
  • Emprendieron campañas militares contra el reino nazarí de Granada, conquistado en 1492 y, una vez muerta Isabel, bajo la dirección personal de Fernando, contra Navarra, conquistada en 1512, e integrados ambos territorios en la Corona de Castilla. Así mismo, las islas Canarias fueron ocupadas en 1495 quedando bajo soberanía castellana también.
  • Con el fin de unificar el habla castellana y convertirla en una lengua franca (de uso general en toda España), promovieron la publicación de la primera gramática de la lengua castellana, obra de Antonio de Nebrija.

Con el fin de dar continuidad a la unión dinástica y consolidar el proyecto de unificación territorial, los Reyes Católicos, mantuvieron una política matrimonial que tenía como principal objetivo, la anexión de Portugal a la Corona de Castilla. El fracaso de tal proyecto, se compensó con la unión de su hija Juana (heredera de la corona tras el fallecimiento de sus hermanos Juan e Isabel) con Felipe de Habsburgo, hijo primogénito del emperador del Sacro Imperio Germánico. De dicho matrimonio, nacería el futuro rey Carlos I de España, primero de la casa de Habsburgo (Austrias), y emperador alemán con el nombre de Carlos V.

4.2.  La monarquía de los Austrias en España: Auge y decadencia de un Imperio

La monarquía austriaca se inicia en España con Carlos I. A su llegada a Castilla es recibido con desconfianza, pues ni siquiera sabe hablar castellano y llega rodeado de consejeros flamencos cuyas medidas políticas chocan con la tradición de gobierno castellana. Pronto tendrá que resolver conflictos graves como el de las Comunidades de Castilla (rebelión de la burguesía local de varias ciudades) o las Germanías de Valencia.

Una vez resueltos estos problemas y asimiladas las costumbres y el idioma castellano, Carlos se centrará en su gran proyecto europeo de monarquía universal (hegemónica y absoluta). En esa lucha contará con los frutos de la conquista y colonización de América iniciada durante el reinado de los Reyes Católicos, es decir, el oro y la plata que dieron a Castilla un poder económico enorme que Carlos utilizó para varias causas:

  • En primer lugar, para obtener el título imperial y tratar de dotarlo de autoridad y poder efectivo.
  • En segundo lugar, para resolver a su favor el enfrentamiento con Francia, cuyo rey Francisco I, aspira también al título imperial y al dominio de Italia, en abierta rivalidad con la influencia española que se extiende desde las posesiones aragonesas del sur de la península. La victoria en Pavía será decisiva en el triunfo final de Carlos I.
  • En tercer lugar, para convertirse en el brazo armado del catolicismo, por lo que se verá obligado, tanto a defenderlo contra la expansión del Islam que representaba el Turco (defensa de Viena), como a luchar contra la disidencia interior que suponía la Reforma protestante , no solo militarmente (Guerras de Religión de Alemania), sino también impulsando la celebración del gran Concilio de Trento, inicio de la Contrarreforma.

Carlos I en 1550

Décadas de guerras constantes  acabarán minando la salud y la moral del rey emperador Carlos que, agotado, se retirará a pasar sus últimos días al monasterio de Yuste abdicando en favor de su hijo Felipe, que heredó los territorios hispánicos y sus posesiones en Europa (Flandes, Italia, etc.) y en América. Los territorios patrimoniales austriacos y el título imperial lo heredó su hermano Fernando, nacido en Alcalá de Henares.

Felipe II llevó a la monarquía hispánica a su máxima expansión y poder. No obstante, tuvo que hacer frente en la primera mitad de su reinado a una serie de problemas heredados del reinado de su padre:

  • El retiro y abdicación de Carlos I animaron al rey francés a disputarle de nuevo la hegemonía europea a la monarquía hispánica, lo que se resolvió con la victoria de San Quintín (1557), la subsiguiente intervención en las guerras de religión de Francia y la conversión del reino en una especie de protectorado español.
  • También tuvo que luchar contra los Turcos en su expansión por el Mediterráneo y el apoyo a los piratas berberiscos. Fueron derrotados en la batalla de Lepanto (1571)
  • Continuó la lucha contra el protestantismo, adoptando una postura aún más intransigente que su padre, con la extensión e imposición del tribunal de la Inquisición en toda la Europa católica.

En 1580 heredó Portugal haciendo valer sus derechos al trono (era hijo de Isabel de Portugal, hija de Manuel I) tras la muerte sin sucesor del rey Sebastián I. De esta forma, se alcanzaba la tan ansiada unidad hispánica y los dominios de la Corona se extendían a Brasil, África y Asia con la anexión del reino portugués.

his-mapa-felipeii[1]

En Europa tuvo que hacer frente a dos nuevos problemas surgidos a raíz de su carácter intransigente en cuestiones religiosas: la rebelión de sus posesiones protestantes en los Países Bajos (1581), que reprimió con gran dureza el Duque de Alba, y la fracasada expedición de la Armada Invencible (1588) contra Inglaterra por su apoyo a los holandeses y sus ataques a las flotas de Indias.

El coste enorme de mantener la hegemonía militar, junto a la falta de medidas económicas que frenasen la inflación y mejorasen la producción y el nivel de vida del pueblo llano, dieron lugar a varias bancarrotas que acabaron por empobrecer a un país endeudado cuya economía dependía exclusivamente de la llegada de la plata americana y la venta de materias primas. Era el inicio de la decadencia de un gigante con pies de barro que aún tardaría en caer.

El reinado de los llamado Austrias Menores, es decir, Felipe III, Felipe IV y Carlos II,  durante los cuales comenzaron las derrotas militares, continuó la ruina económica (agravada por decisiones erróneas como la expulsión de los moriscos en 1609) y los validos, como el duque de Lerma o el conde-duque de Olivares, se hicieron cargo del gobierno, no sería otra cosa que el relato de esta larga y lenta decadencia, que llevó a España a un cambio de dinastía al finalizar el siglo XVII, cuando el último rey Austria, Carlos II, muere sin descendencia y el trono lo ocupa en el año 1700 un rey francés: Felipe V de Borbón.
(Este apartado puedes ampliarlo en las páginas 272 y 273 del libro de texto de Teide)

4.3. Evolución política en Europa durante los siglos XVI y XVII

La disputa de la hegemonía que ostentó la monarquía Hispánica durante estos siglos, así como la lucha por el dominio religioso de Europa (quien dominara las mentes, gobernaría más cómodamente), dio lugar a una larga serie de guerras que asolaron el continente y, especialmente Centroeuropa, como ya se ha visto en el apartado anterior.

La Guerra de los 30 años (1618 a 1648) fue el más determinante de estos conflictos. Iniciada por motivos religiosos (lucha por el poder entre príncipes protestantes y el Imperio), enfrentó a Austria (cuyo rey era, además, Emperador del Sacro Imperio Germánico) y la Monarquía Hispánica de un lado, y los Países Bajos, Suecia, Dinamarca y Francia en el otro bando. Por primera vez en casi siglo y medio, las tropas hispánicas (los Tercios de Flandes) fueron derrotados en el campo de batalla de Rocroi (1643) un hecho sin precedentes que deshizo el halo de invencibilidad del ejército español (nadie que estuviera vivo entonces ni durante varias generaciones anteriores podía recordar una derrota española en Europa). Años después, en 1648, se firmaba la Paz de Westfalia, en la que se reconocía, entre otras cosas, la definitiva independencia de Holanda, y la cesión de varios territorios por parte española.

Francia continuó las hostilidades contra la Monarquía Hispánica hasta obligarla a firmar la Paz de los Pirineos (1659), por la cual, aparte de la cesión a Francia de territorios en Europa y América, se firmaba el intercambio matrimonial entre infantas españolas y príncipes franceses que, en el futuro, tenían el objetivo de unificar ambas coronas (bajo un rey francés) y el consiguiente acceso a las riquezas de América para este país. Lo cierto es que, tras esta guerra, Francia sustituía a España como gran poder hegemónico en Europa bajo el reinado del más grande rey francés Luis XIV. Con él, la institución monárquica alcanzará el mayor grado de poder reunido en una sola persona, que dirige con mano firme un reino centralizado bajo una misma administración y apoyado en un ejército bien organizado. Todo ello requiere de una economía fuerte y debidamente exprimida, capaz de sostener los enormes gastos del estado y del Rey y su Corte.

Por su parte, Holanda, una vez conseguida su independencia de los Austrias españoles, se lanzará a consolidar un imperio comercial que le proporcionará grandes beneficios y un cierto predominio marítimo en Europa y, especialmente, en la Ruta a las Especias con Asia.

Inglaterra vivirá durante esta época una historia muy agitada en la que siempre fue una potencia de segundo orden, supeditada a las grandes decisiones que se tomaban en el continente y, especialmente, por parte de la monarquía española. Respondió con acciones de piratería con las que esperaba minar el poderío marítimo hispano, las cuales, a su vez, le costaron frecuentes acciones de castigo por parte española, así como una intervención activa en su política interna. Durante el siglo XVII se sumergió en varios procesos revolucionarios que, desde la ejecución de su rey absolutista Carlos I, pasando por una república (Oliver Cromwell) y un nuevo período absolutista, culminaría con la Revolución de 1688 que, un año más tarde, en 1689, instituía por primera vez una monarquía parlamentaria basada en una declaración de derechos.

4.4. El estado moderno: Absolutismo y parlamentarismo 

Francia, con Luis XIV, e Inglaterra, con el rey Guillermo de Orange, van a representar, a finales del siglo XVII, los dos principales modelos de estado surgidos durante la Edad Moderna: el estado absoluto y el estado parlamentario. La mayor parte de los países europeos tenían a su frente un monarca absoluto (Francia, España, Austria, etc.); solo unos pocos (Inglaterra, Holanda y Venecia) tenían un régimen parlamentario dominado por una poderosa burguesía comercial.

El absolutismo es una evolución de la monarquía autoritaria, en la que la autoridad del rey ya no se deja en manos de su voluntad de mando o su fuerza de carácter, sino que se atribuye a un origen divino inapelable. Rebelarse contra el Rey es rebelarse contra Dios y, por lo tanto, además del peso de la justicia humana, cabe esperar el más terrible de los castigos: la condenación eterna.
En términos de gobierno, el rey es, no solo autoridad absoluta, sino único soberano del reino (el resto de habitantes son meros súbditos) y máxima autoridad militar, judicial y administrativa. Reúne en su persona, todos los poderes del estado.
Las únicas limitaciones a su poder eran las leyes antiguas, también de origen divino, como la autoridad señorial (eclesiástica o nobiliar), en la cual los reyes habían delegado desde la Edad Media la jurisdicción sobre sus territorios; y las reuniones de las Cortes (España), los Estados Generales (Francia) o, en general, los parlamentos, como representantes del “cuerpo” social del Estado (Clero, nobleza y pueblo llano), si bien, como eran convocadas únicamente por los monarcas, éstos solo las reunían si estaban seguros de sacar adelante sus propuestas.

El parlamentarismo, por su parte, se basaba en un contrato entre el pueblo y su rey, que establecía las relaciones entre ambos, los poderes que cada uno asumía, y los derechos y libertades que el monarca debía respetar. Lo más importante, en términos políticos, era la división de poderes, que garantizaba al pueblo leyes justas y un gobierno que no solo mirase por los intereses del rey, sino también del pueblo (o más bien de la burguesía que lo representaba)

5. El arte de la Edad Moderna

  • El Renacimiento.
    Desde finales del siglo XIV en Italia, y comienzos del XV en Flandes, la producción artística europea evolucionó en el sentido de recuperar para el arte, de la mano del Humanismo, conceptos que habían sido prácticamente olvidados durante la Edad Media. Entre ellos cabe destacar los siguientes:

    • La consideración del hombre (que sigue modelos clásicos) como centro y principal referencia artística, y del artista como un creador y no un mero artesano.
    • Vuelve el patronazgo de particulares con grandes fortunas (los “mecenas”).
    • Se abandonará el carácter casi exclusivamente religioso que tuvo el arte del medievo y surgirán nuevas temáticas de carácter profano como la historia, la vida cotidiana o la representación de ceremonias políticas.
    • La arquitectura se construye a escala humana, es decir, los edificios tienden a medidas racionales y formas armónicas que nada tienen que ver con las impresionantes catedrales góticas de la Edad Media.
    • Por lo que a la plástica (pintura y escultura) se refiere, se recuperará la representación realista de las formas de la naturaleza y del ser humano, y triunfarán géneros como el retrato o el paisaje.

Tomando como referencia lo que ocurre en Italia, esta época artística se dividirá en dos grandes períodos:

a) El Quattrocento, o siglo XV, en el que se alcanzará el grado de equilibrio formal y conceptual necesario para poder hablar de clasicismo. Es entonces cuando se ponen las bases del nuevo estilo gracias a tres grandes innovadores del arte: Brunelleschi en arquitectura, Donatello en escultura y Masaccio en pintura. Florencia será la gran capital del Quattrocento y en ella se concentrará una pléyade de grandes artistas, entre los que destacan, además de los ya nombrados, Alberti en arquitectura, Verrochio y Ghiberti en escultura, Fra Angélico, Ucello, Piero della Francesca, o el gran Botticelli, en pintura. En la segunda mitad de siglo, aparecerán otras escuelas pictóricas satélites de la florentina, como Padua o Umbria, en las que destacan autores como Mantegna o Il Perugino.

b) El Cinquecento, o siglo XVI, durante el cual se alcanza la culminación de este nuevo estilo, gracias a la labor genial de autores como Leonardo, Miguel Ángel, Rafael o Tiziano. Roma y, en menor medida, Venecia, sustituyen a Florencia como capitales del arte, al tiempo que las innovaciones artísticas terminan por extenderse al resto de Europa. Al comenzar el segundo tercio del siglo, el propio Miguel Ángel, una vez agotado el clasicismo en su estricto equilibrio formal y normativo, ha abierto y está explorando nuevas vías artísticas que darán lugar a la corriente estética conocida como Manierismo, que dominará en Italia durante la mayor parte del siglo XVI. A este estilo se asignan pintores como Correggio, Bronzino o Pontormo, escultores como Giambologna o Benvenuto Cellini, y los arquitectos Palladio y Vignola. Fuera de Italia destaca la figura de El Greco, pintor griego activo en España durante el último cuarto de siglo XVI y los comienzos del XVII.

 

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