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Cumbre del Clima de Bonn 2017. Y van…

09 Nov

… 23. Hace dos años, en una entrada para el blog que actualizo en ésta, me hacía eco de la cumbre mundial del clima de París, la vigésimo primera. El subtítulo que añadía era “¿Aún estamos a tiempo?” Pues dos años más tarde, y aún con más razón, ésa sigue siendo la gran cuestión. Igual que en París en 2015, aunque la Cumbre del Clima que reúne a delegaciones de la mayor parte de los países del mundo (con la ausencia notable de EE.UU.) sea un completo éxito, quedaría en el aire la duda de si no es ya demasiado tarde.

Climate summit

La mayor Central Térmica de Carbón de Europa, en Belchatow (Polonia) / Fuente: The Guardian

Bajo estas líneas tenéis un interesante resumen de los acuerdos de mayor alcance logrados en algunas de las cumbres previas. Nos permite tener a la vista la evolución de la lucha contra el cambio climático global, aunque deberíamos también contar con los datos del conjunto de las emisiones de efecto invernadero a nivel mundial que, desde los años 90 no dejaron de incrementarse de forma más que notable, hasta la llegada de la gran crisis de 2008, cuando el parón de la actividad económica tuvo como efecto “positivo” un estancamiento de las emisiones.

Cumbres del clima

Nuestro planeta no es “de hierro”.  No es ni un generador de recursos inagotables  ni un procesador de residuos infinitos. Y en los últimos tiempos, hemos actuado como si así lo fuera, al incorporar un sistema productivo a nuestra forma de vida, basado en la explotación sistemática de todos los recursos disponibles (considerados como capital que entra a formar parte del juego de la oferta y la demanda en el mercado) y en la emisión consiguiente de grandes cantidades de residuos sólidos, líquidos y, sobre todo, gaseosos.

Si nos detenemos en estos últimos, descubriremos el “quid” de la cuestión. Entre los gases emitidos por los procesos productivos y de transporte, así como en nuestra vida cotidiana, destaca el dióxido de Carbono que, junto a otros como el Metano, forman parte del llamado grupo de gases de efecto invernadero. Su presencia en la troposfera es casi “invisible” para la radiación solar, que llega a la superficie terrestre sin apenas obstáculos; sin embargo, una vez que el suelo se ha calentado y se ha convertido en un cuerpo emisor (radiación infrarroja, muy débil), dichos gases se comportan como una barrera casi infranqueable, al absorber buena parte de dicha radiación. Eso hace que ascienda la temperatura del aire en las capas bajas de la atmósfera, provocando el conocido efecto invernadero.

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Lo cierto es que es muy posible que exista un umbral a partir del cual entremos en un proceso irreversible de calentamiento global, de muy difícil manejo, y cuyas consecuencias nos llevarían a escenarios poco deseables e, incluso, a casos extremos, como el de nuestros dos más próximos vecinos en el sistema solar: Venus y Marte, planetas que muy bien pudieron albergar vida en algún momento del pasado, pero que, por vías distintas, acabaron por ser inhabitables.

Para comprender de qué manera nos afectan las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera, en particular a través de su importante papel en el llamado efecto “Invernadero”, las simulaciones por ordenador nos ayudan enormemente.  En este caso, la NASA nos ofrece una especialmente interesante, en la que se muestra la evolución y difusión por la atmósfera del CO2 emitido durante un año, a lo largo del año siguiente (en que, lógicamente, se suma a la emitida durante el segundo de ellos)

Una vez visto el vídeo, habremos debido fijarnos en varios aspectos singularmente relevantes:

  • Los focos de emisión de CO2 más importantes se encuentran en el Hemisferio Norte y, principalmente, en las grandes áreas urbanas e industriales de EE.UU. Europa, Oriente Medio, China y Japón.
  • A partir de dichos focos, el CO2 se difunde por todo el planeta, especialmente por el Hemisferio Norte.  Por lo tanto, los problemas generados por dichas emisiones tienen un alcance global, independientemente de quien los haya provocado.
  • Es visible también la importancia de la cubierta vegetal del planeta en la absorción del CO2 atmosférico, ya que puede observarse cómo desde finales de la primavera y durante el verano, los niveles de concentración del gas descienden por la asimilación del mismo por los bosques de caducifolias, al alcanzarse el máximo de la fotosíntesis,

En definitiva, una vez más se confirma que el calentamiento global en la actualidad tiene mucho que ver con las actividades humanas, que la solución a los problemas derivados de él pasan por acuerdos internacionales serios y de obligado cumplimiento, y que nuestros bosques son, por el momento, el principal dique de contención contra la irreversibilidad de este fenómeno.

Es absolutamente inaplazable tomar medidas rigurosas y contundentes, cueste lo que cueste, y teniendo como objetivo principal el cambio del sistema productivo mundial. No tenemos, seguramente, mucho más de medio siglo para actuar.  Si pincháis en la imagen inferior, podréis leer (en inglés) un más que recomendable artículo en el que se muestran los tremendos esfuerzos a los que estamos sometiendo a nuestro planeta y las ideas para cambiar el modelo.

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Publicado por en 09/11/2017 en Geografía

 

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